jueves, 22 de febrero de 2018

Forges... y yo

Hoy ha muerto, con 76 años, Antonio Fraguas de Pablo, Forges. De una forma curiosa, y colateral, Forges se ha cruzado mucho en mi vida, así que como con la triste noticia, y el ‘acohono’ subsiguiente, porque nació solo un año antes que yo, en 1942, se me agolpan los recuerdos, seguiré la costumbre, que adopté con este Blog, de escribirlos.

Claro que veo que el primero de mis pensamientos resulta ser erróneo: yo siempre identifiqué a Forges con el diario El Pais, que empezó a publicarse en mayo de 1976, y que yo entonces leía (y desde el ejemplar ‘cero’), pero resulta que Forges empezó a colaborar en él... en 1995. Bueno, supongo que, con la edad, pierdes la noción del tiempo. Pero es claro que sus chistes (que yo los definiría como ‘chorradas’… llenas de inteligentísimo humor), como los de Peridis marcaron en cierto modo mi pensamiento en los años (de madurez) más importantes de mi vida. Por cierto, ahora, como es normal, me he vuelto mucho menos ‘progre’, o sea más de Mingote que de los anteriores.

Pero es que además resulta que a Forges yo creo que le conocí de crío (bueno, con 15-16 años), porque era primo carnal de mi amigo, del cole de los jesuitas de San Sebastián, Manolo Arrúe de Pablo. Me acuerdo perfectamente de ir a casa de Manolo (hoy arquitecto, y casado con otra amiga de entonces (quizás, de mis hermanas), Pili Mauleón), me acuerdo de su madre, de su hermana Txuri (Blanca) y de su hermano pequeño Javier, que por cierto se metió a jesuita, estuvo en Sudamérica, se hizo revolucionario y hoy en día (acabo de leerlo) es embajador de Venezuela, y pandillero de Nicolás Maduro. Bien, pues tengo en el recuerdo el haber conocido, por entonces, a un primo suyo, de Madrid, muy simpático y divertido, que seguro que era Forges.

Otro punto de contacto (que me lleva también a aquellos tiempos) es ver en su biografía que tenía gran afición a leer las ‘Aventuras de Guillermo Brown’ (y los Proscritos), de Richmal Crompton. Solo falta que le gustasen también P.G. Woodehouse (que le encanta a Alfonso Ussía), y mi favorito de humor inglés, el bastante desconocido Joan Butler (en masculino, porque luego me enteré de que fue el seudónimo del escritor irlandés Robert William Alexander) libros, todos ellos que, junto con los de Julio Verne, sin duda también marcaron mi forma de ver la vida.

Pero yo tendré un buen recuerdo de Forges (a pesar de no tener que ver con su ‘tendencia’ más bien izquierdosa) no solo, que también, por sus magníficos chistes, sino por el esfuerzo didáctico, y gracia (‘¿El Gran Capitán era bajito… o es que estaba lejos...’?’) desplegados en su magnífica ‘Historia de Aquí’, ‘Historia Forgesporánea’, que conservo en PDF, e incluso en formato 'epub', para la tablet, y que, verdaderamente, junto con los Asterix, leía con fruición, y me culturizaban bastante.

Y también por una cuestión que se tiene muy poco en cuenta, y que es singular: que Forges nos cambió la forma de hablar, e incluso el idioma. Porque él inventó, y ahora son términos muy comunes, muchos ya aceptados por la Real Academia Española, cosas como bocata, sociata, segurata, jubileta… anglicismos como el ‘formideibol’ o el 'inexpliqueibol', palabras tan expresivas como muslamen, maciza (o macizorra), chorba, maromo, o como esforciar, firulillo, etc, etc.
Pero, sobre todo, sus grandes aportaciones fueron las aféresis: ‘norabuena, ‘satamente, ‘mosanda, ‘jomío, … y sus famosas exclamaciones ‘¡s’ordenes mi coante...! ¡’gensanta…!, ¡’dremía…!, ¡’vadios…!

En fin, que es una pena que haya fallecido. Siempre causa cierto impacto emocional enterarte del fallecimiento de alguien, coetáneo, y que además ha influido en tu vida, así que un cariñoso recuerdo, amigo... 

Y una muestra más de su fina sensibilidad...
 

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